| Varón
de 56 años sin antecedentes personales,
ni epidemiológicos reseñables que
presentó de modo larvado, a lo largo de
un mes, un cuadro de quebrantamiento del estado
general, febrícula, distensión abdominal,
dolorimiento en hipocondrio derecho y edemas maleolares
con fovea. Al final del primer mes presentó
dolor vivo no cólico localizado en hipondrio
derecho, con peritonismo y parálisis intestinal.
Al ingreso se comprobó la presencia de
hepatomegalia sin esplenomegalia, desorientación
temporoespacial, asterixis, oliguria, ascitis
y edemas maleolares. En la analítica de
sangre destacaba la hiperbilirrubinemia, Hipoalbuminemia,
elevación de urea e hiponatremia. La coagulación:
Las enzimas hepáticas fueron: . Los estudios
serológicos (HVB,HVC,VIH, Leishmani) fueron
negativos. En el TC se comprobó la existencia
de múltiples abscesos hepáticos
(imagen 1), uno de ellos de localización
subcapsular, roto. Se procedió a la PAAF
y subsiguiente drenaje que dio salida a un pus
rosáceo con aspecto característico
de “paté de anchoas”. Una vez
comprobada la presencia de trofozoitos de E. histolytica
(imagen 2) se substituyó la antibioterapia
de amplio espectro por Metronidazol (750 mg i.v.
cada 8 horas durante 10 días, seguido de
Paromomicina 500 mg v. oral cada 8 horas durante
7 días). La respuesta clínica fue
buena retirándose los catéteres
y recuperándose la función hepática
(Hipoalbuminemia, hipoprotrombinemia, hipertransaminasemia,
hiponatremia y encefalopatía) con rapidez.
Las imágenes del TC no se modificaron substancialmente
en el primer mes, a pesar de la respuesta clínica.
La Entamoeba histolytica es un protozoo que produce
infección frecuentemente en países
templados de todo el mundo. La forma más
común de enfermedad es la diarrea (disenteriforme
o no) y aunque son muchos los casos asintomáticos,
la mortalidad a escala mudial se cifra en torno
a 40.000-110.000 personas por año. En nuestro
medio se trata de una enfermedad todavía
rara, en la que no obstante debe pensarse, ya
que su incidencia se está incrementando
por la afluencia de personas infectadas procedentes
de países donde es frecuente.
De entre las localizaciones extraintestinales
posibles æ hepática, cerebral, pulmonar,
pericárdica, cutánea, uterina o
vaginalæ el absceso hepático, generalmente
unilocular es la forma más frecuente. La
insuficiencia hepática, aunque raramente
presente, es una complicación posible.
El absceso amebiano hepático es una patología
que debe incluirse en el diagnóstico diferencial
del absceso hepático por su creciente incidencia,
facilidad de tratamiento y gravedad potencial.
Desde el punto de vista clínico deben reseñarse
la posibilidad de presentación larvada,
aun en formas extensas y el desarrollo de encefalopatía
hepática sin lesión prexistente
hepática. Desde el punto de vista radiológico
debe tenerse en cuenta la lentitud en la resolución
de las lesiones hepáticas.
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Autores:
Cristina Seral
Servicio de Microbiología
Juan I. Pérez Calvo
Servicio de Medicina Interna B
Hospital Clínico Universitario “Lozano
Blesa”
Zaragoza |