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ARTRITIS GOTOSA Y GOTA TOFÁCEA

Autores
Prof. D. Enrique Nerín Mora *
Dr. JI Pérez Calvo

* El Prof. D. Enrique Nerín Mora fue Jefe del Servicio de Medicina Interna B del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza y Profesor Numerario de Patología Médica de la Facultad de Medicina hasta su jubilación en 1986.

Sirva esta serie de imágenes como modesto homenaje y reconocimiento a su labor clínica y docente, siempre vinculadas.

Las imágenes que se muestran en esta serie son, en su práctica totalidad, suyas. Gentilmente las cedió y constituyen un testimonio de una patología, aunque frecuente, los casos tan evolucionados como los que se muestran están afortunadamente en regresión por la mejora en la nutrición y la terapia farmacológica en nuestra sociedad.



Las manifestaciones clínicas de la gota se deben a la presencia de cristales de urato monosódico en los tejidos.

Pueden ser:
a) Inflamación aguda de las articulaciones o estructuras anexas como las bolsas sinoviales o las vainas de deslizamiento tendinoso.
b) Precipitados de cristales o tofos.
c) Afectación renal.

Artritis gotosa:

La localización más frecuente de la artritis gotosa aguda es la articulación metatarsofalángica del primer dedo del pie. Se conoce también con el nombre de podagra (en las manos se conoce como quiragra). Suele ser una afectación monoarticular. Otras localizaciones son tarsos, tobillos, bolsas preaquíleas, rodillas, etc.

Los ataques agudos suelen ser de comienzo nocturno, con una extraordinaria sensibilidad al roce de las sábanas (el enfermo busca el frescor fuera de las sábanas) y suelen ceder en unos pocos días.

La articulación afecta se muestra tumefacta, rubefacta con un tinte ligeramente vinoso y en ocasiones mueven una ligera febrícula.


 

Gota tofácea:

Los tofos, sintomáticos de una prolongada evolución, son agregado de microcristales rodeados de una reacción granulomatosa. Son indoloros de color blanquecino, de consistencia dura, ocasionalmente se ulceran y fistulizan dejando salir los cristales de urato como un líquido lechoso blanquecino.

Su relación con la elevación de los niveles de ácido úrico en sangre es constante (no así en la gota aguda) lo que explica también que un tratamiento adecuado que reduzca su nivel sanguíneo puede hacerlos regresar.

Su localización más típica es la superficie de extensión de codos, articulaciones de la mano, tendón de Aquiles, pies, rodillas y pabellón auricular.

De ambas manifestaciones de la patología producida por la hiperuricemia se ofrecen muestras representativas en la serie adjunta.

 

Para completar la información puede consultarse un magnífico capítulo en: Pascual Gómez E, Batlle Gualda E, Reginato-Molina AJ. Artropatías microcristalinas. En: Farreras P, Rozman C, Eds. Medicina Interna, 14 Ed. Harcourt, Madrid 2000. Pp 1195-1203.

 

 

 

 

 


 
 
Ultima actualización 11 febrero 2005